lunes, 24 de agosto de 2009

20 08 09

Esta vez mis lágrimas no se confunden con las gotas de agua en la regadera,
no hay por qué llorar.

En mi cabeza crece una telaraña de preguntas y respuestas,
de anhelos no concluidos y el corazón inquieto me llama, me incita…
¿adónde debo dejarme llevar? será preciso perderme en el impulso que me dicta el alma, no lo sé.

Teje, teje pequeño bicho, hurga en mi más profundo pensamiento y si encuentras respuestas átalas con fuerza.

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